En Galicia, los grelos son la verdura por excelencia: un ingrediente humilde, lleno de carácter y profundamente ligado a la cocina gallega. No extraña que protagonicen muchas recetas tradicionales y formen parte de la memoria gastronómica de toda una tierra. Hace un tiempo, en el blog de el carbon de valentina, ya te hablamos del caldo gallego; hoy vamos un paso más allá para contarte qué son exactamente los grelos, cuáles son sus propiedades y en qué platos lucen mejor.
Los grelos son los tallos verdes y las hojas tiernas del nabo que brotan justo antes de la floración. En ese momento, la planta concentra sabor y textura: son firmes, carnosos y con un distintivo sabor ligeramente amargo con un punto de acidez que los hace inconfundibles. A menudo se confunden con las nabizas (las hojas jóvenes del nabo que se recolectan antes de que salgan los tallos). Mientras que las nabizas son más suaves y delicadas, los grelos tienen un carácter más marcado y resultan ideales para guisos y platos de cuchara.
Lo destacable de los grelos
- Vitaminas: alto contenido en vitamina C, vitamina A y vitamina K.
- Minerales: aportan calcio, potasio y hierro.
- Fibra: favorece la saciedad y el bienestar digestivo.
- Antioxidantes: compuestos naturales que ayudan a proteger frente al estrés oxidativo.
- Bajo aporte calórico: ideales para recetas saludables sin renunciar al sabor.
Su perfil es amargo y fresco, con una agradable acidez que limpia el paladar. Para sacarles el máximo partido:
- Blanquea los grelos 1-2 minutos en agua hirviendo y enfríalos en agua con hielo: suaviza el amargor y fija el color.
- Guísalos a fuego suave: en caldos, con patatas o acompañando carnes y embutidos.
- Saltea con aceite de oliva, ajo y un toque de pimentón para una guarnición rápida y aromática.
- Combina con legumbres (garbanzos, alubias) o bacalao para platos completos y reconfortantes.
- Caldo gallego: base de sabiduría popular, donde los grelos aportan carácter y ese punto vegetal inconfundible.
- Lacón con grelos: el clásico por antonomasia; la potencia del lacón se equilibra con la frescura amarga de los grelos y las patatas.
- Cocido gallego: versiones que incorporan grelos para sumar aroma y color al conjunto.
- Empanada de grelos con bacalao: contraste perfecto entre masa crujiente, relleno jugoso y notas yodadas.
- Revueltos y tortillas: una forma sencilla y deliciosa de disfrutar su textura y sabor.
- Elige manojos de color verde intenso, hojas tersas y tallos firmes, sin amarilleos.
- Conserva en la nevera dentro de una bolsa perforada o envueltos en papel húmedo; consúmelos en 2-3 días.
- Congela tras un breve escaldado si quieres disfrutarlos fuera de temporada.
- Límpialos retirando las partes más duras y lavando bien para eliminar restos de tierra.
Si te apasiona la cocina de temporada y los sabores intensos del norte, los grelos son ese ingrediente que convierte un plato sencillo en un bocado memorable. Tiernos, ligeramente amargos y cargados de nutrientes, los grelos merecen un lugar fijo en tu despensa durante los meses fríos.
¿Cuándo y dónde prosperan los grelos?
Se suelen plantar en agosto, en suelos fértiles, húmedos y con gran riqueza de materia orgánica. Por eso, los verdes prados gallegos son un auténtico paraíso para su cultivo: la lluvia constante, el clima templado y una tierra bien nutrida crean el entorno ideal para que los grelos crezcan con sabor y textura excepcionales.
En España, su consumo está especialmente arraigado en Galicia y Asturias, donde forman parte de recetas tradicionales y de mesa diaria. Fuera de nuestras fronteras, también son muy típicos en Portugal y en Italia, donde se aprecian por su carácter único y su versatilidad en la cocina.
Propiedades y beneficios de los grelos
Como toda buena verdura de hoja, los grelos son bajos en calorías y están repletos de micronutrientes valiosos. En cocina profesional los elegimos porque nutren sin pesar y aportan equilibrio a platos más contundentes.
Lo que los hace especiales
- Bajos en calorías: ideales para menús ligeros y equilibrados.
- Ricos en calcio, vitamina C y ácido fólico: un trío fundamental para huesos, defensas y energía.
- Gran aporte de fibra: ayuda a la saciedad y al bienestar digestivo.
- Fuente de fósforo y magnesio: minerales clave para el metabolismo y la función muscular.
Perfectos para equilibrar platos calóricos
Gracias a su fibra y a su perfil de minerales, los grelos son excelentes acompañantes de guisos, embutidos o carnes con más grasa: aportan frescor vegetal, contraste y una sensación de ligereza muy agradable en boca.
Aunque ya se pueden comprar grelos fuera de Galicia, no todos ofrecen la misma calidad. Para que no te den gato por liebre, te compartimos los criterios que seguimos en el carbon de valentina cuando elegimos grelos:
- Color y frescura: busca un verde intenso y uniforme, sin hojas amarillas ni bordes secos.
- Textura: hojas firmes y tiernas, con nervios no demasiado marcados; evita tallos gruesos o leñosos.
- Aroma: fragancia fresca, vegetal; descarta manojos con olor rancio o humedad excesiva.
- Tamaño del manojo: compacto y bien atado, con brotes cerrados o recién abiertos.
- Procedencia: si es posible, elige grelos de huerta local o de zonas tradicionales como Galicia; la cercanía suele traducirse en mejor sabor y textura.
- Temporada: los mejores se encuentran en los meses fríos, cuando su sabor es más equilibrado y su hoja, más tierna.
- Uso previsto: para cocciones breves, prefiere brotes muy tiernos; para guisos, acepta hojas algo más desarrolladas.
Pocos sabores anuncian el invierno gallego como los grelos. Si te atrae su carácter ligeramente amargo y su aroma a huerta fresca, aquí encontrarás consejos sencillos para elegir los mejores en el mercado y varias ideas de cocina, desde clásicos contundentes hasta propuestas más suaves y cremosas.
Cómo elegir buenos grelos en el mercado
Una buena compra comienza con un vistazo atento. Estos puntos te ayudarán a acertar:
- Fíjate en la dureza del tallo: el tallo debe ser firme y crujiente al partirlo; si está blando, fibroso o se dobla con facilidad, el manojo puede estar pasado.
- Evita los puntos blancos: al partir el tallo no deberían aparecer puntos blancos. Su presencia suele indicar falta de frescura o problemas en la conservación.
- Descarta hojas secas o amarillas: elige manojos con hojas verdes, tersas y sin zonas mustias ni que tiendan a amarillear.
- Color y aroma: busca un verde intenso y un olor fresco, vegetal; huye de los aromas avinados.
- Tamaño equilibrado: los tallos medianos suelen ser más tiernos que los excesivamente gruesos.
- De temporada: en Galicia, el mejor momento va del final del otoño al inicio de la primavera; en esas fechas estarán en su punto.
Caldo gallego
Reconfortante y sabroso. El caldo gallego combina grelos con patata, legumbre (habitualmente alubia) y, según la zona, un toque de unto o embutido. Es perfecto para los días fríos y una manera magnífica de apreciar la verdura en un caldo bien hecho.
Grelos cocidos y rehogados con ajada
Una preparación sencilla que realza todo su sabor. La ajada —aceite de oliva, ajo laminado y pimentón— aporta aroma y calidez.
- Lava y trocea los grelos.
- Blanquea en agua con sal 2–4 minutos, escurre y reserva.
- Dora ajo en aceite suave, aparta del fuego y añade pimentón.
- Incorpora los grelos, saltea un par de minutos y ajusta de sal.
Cremas y sopas de grelos
Aunque no es lo más habitual en Galicia, en crema o sopa los grelos ganan suavidad sin perder su identidad.
- Crema de grelos: pocha cebolla y puerro, añade patata y grelos blanqueados, cubre con caldo y tritura. Termina con un hilo de aceite y, si te apetece, un toque de queso gallego.
- Sopa ligera: calienta un buen caldo, añade los grelos troceados y fideos finos o arroz; ideal para una cena reconfortante.
Consejos rápidos para cocinar grelos
- Blanqueo: un escaldado breve ayuda a modular el amargor.
- Escurrido: tras la cocción, escúrrelos muy bien para evitar que agüen el plato.
- Contrastes: combinan genial con patata, legumbres, cerdo curado y pimentón.





